3 consejos que me dio mi padre cuando cobré mi primer sueldo y que tengo tatuados en el cerebro

Cuando me gradué y empecé a trabajar en mi primer empleo, me llamó mi padre. Aquella noche estuvimos hablando de dinero por teléfono durante dos horas. En particular, sobre cómo tenía que administrar mi dinero para que no me faltaran recursos cuando los necesitara.

Mi padre me decía que lo primero de lo que tenía que ocuparme era de mi casa. "Si trabajas, hay medidas que debes tomar para estar siempre cómoda", insistía. Cuando mencionaba la palabra "cómodo", hacía realmente referencia a que estuviese segura. "Siempre hay que ocuparse primero de la casa y luego de salir por ahí", añadió.

En Estados Unidos, suele ocurrir que, cuando acabas la carrera y empiezas a trabajar, tienes que pagar los préstamos estudiantiles. Cuando se reanudan esos pagos, mucha gente tiene miedo de tener que elegir entre pagar los préstamos y hacer la compra, o incluso pagar el alquiler.
En mi caso, por ejemplo, cuando me tocó asumir esos pagos, había veces que no salía o no compraba algo que quería en ese momento y mis amigos me reconocían por repetir: "Siempre puedo volver a casa". Hasta hoy pienso así, incluso cuando tengo dinero.

Estos son los tres consejos que me dio mi padre:

1. Ahorra todo el dinero que puedas
Ahora guardo el dinero automáticamente, por lo que llega a mi cuenta de ahorros antes incluso de que yo lo vea. Mi padre siempre me decía que era mejor ahorrar 5 dólares que nada.

No te haces una idea de cuántas veces me ayudó tener dinero ahorrado cuando tuve una emergencia. Ya fuera cambiar una lavadora/secadora en mi nueva casa o llegar muy tarde a París y enterarme de que la habitación que había reservado ya no estaba disponible y la única que quedaba costaba 175 dólares más por noche.

Lo que mi padre intentaba decirme —y lo que yo misma he comprobado— es que tener dinero te da opciones y puede ser una red de seguridad para cuando las cosas no salen según lo previsto.

Pase lo que pase, siempre ahorro una parte de mis ingresos.

2. Pago primero todas las facturas de la casa, incluida la del móvil
Muchas veces tenemos que aprender lecciones sobre el dinero como esta por las malas. Te puedo hasta contar que he tenido amigos a los que les han cortado la electricidad, e incluso una amiga a la que le cerraron el grifo del agua por no pagar la factura durante seis meses en su nueva casa.

Mi padre era y es un gran ejemplo de cómo llevar una casa. Yo aún me acuerdo cuando llegaba el primer día del mes e iba a pagar las facturas que le llegaban. Como esto era antes de que se pudieran abonar a través de Internet, algunas veces que yo iba con él a pagar las facturas que no enviaban por correo.

Cuando empecé a trabajar y me independicé, me dijo: "Cuando te paguen, tienes que pagar todas las facturas de tu casa. Eso es lo primero que debes hacer". Y eso es lo que hago hasta el día de hoy.

Lo primero que hago cuando cobro es pagar todas las facturas de mi casa: el alquiler, Internet, la luz, el agua y el móvil. Nuestros móviles son ya una parte importante de nuestras vidas, e incluso puede que hasta lo necesites para trabajar. Así que asegúrate de que todo lo que necesitas para que tu casa —y tu día a día— funcione bien está pagado.

3. Llena tu nevera
Cuando empiezas a ganar dinero, es muy fácil salir, comprar esa prenda de ropa que llevas tiempo queriendo o quedar con tus amigos a tomar algo.

Pero no tiene ningún sentido gastarse 100 euros en unas copas cuando no tienes comida en la nevera. Sé que en mi caso, que soy una persona bastante casera, este consejo me resulta fácil de seguir, pero si a ti te cuesta más, lo que tienes que hacer es fijarte en el sentido común.

Cuando escucho a alguien decir que está comiendo alubias con arroz o fideos ramen y que no puede permitirse otra cosa, siempre me pregunto cuánto dinero se ha gastado ese día. ¿Te compraste un café, comiste fuera o te compraste alguna prenda de ropa?

Cuando lleno mi nevera, eso es exactamente lo que hago. En mi casa puedo tener fácilmente comida para cinco semanas. Así, cuando tengo que ir al supermercado, es sólo para comprar algo que se me ha acabado. No voy a comprar de cero cada semana. También es verdad que soy miembro de Costco y compro a granel productos que sé que uso a menudo.

Para hacerme todo esto más fácil, realmente me imagino mi casa como un santuario y me repito el mantra: "Siempre puedo volver a casa". Tengo libros y revistas que me gusta leer, tengo todos los aperitivos que me gusta comer y estoy suscrita a Netflix y Apple TV+. Como he invertido en mi casa por adelantado, si decido no salir, no siento que me esté perdiendo nada, y ahorro mucho dinero.

Todo se reduce a pagarse a uno mismo primero. En lugar de darte lo que te sobra, toma la primera tajada y prepárate para la estabilidad financiera.

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