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¿Soberanía o presión extranjera?

La decisión del Gobierno dominicano de ordenar la salida de nueve funcionarios diplomáticos cubanos y sus familiares ha abierto un debate que trasciende las relaciones entre República Dominicana y Cuba.

La medida, anunciada este jueves, no vino acompañada de una explicación pública sobre las razones concretas que la motivaron.

Pero La Habana sí reaccionó con contundencia.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba acusó a República Dominicana de actuar bajo presión de Estados Unidos y calificó la expulsión de injustificada.

Y aquí está el verdadero punto de discusión: ¿estamos ante una decisión soberana de la República Dominicana o ante una política exterior condicionada por Washington?

Nadie puede cuestionar el derecho de un Estado soberano a declarar persona non grata a un diplomático cuando existen razones que comprometan su seguridad o sus intereses nacionales.

La diplomacia tiene reglas y la Convención de Viena contempla precisamente esa facultad.

Pero cuando se adopta una decisión de esta naturaleza, la ciudadanía tiene derecho a conocer, al menos, las razones fundamentales que la justifican.

No basta con expulsar. Hay que explicar.

Porque República Dominicana no puede permitir que quede la impresión de que su política exterior se decide desde una oficina extranjera.

La relación histórica entre dominicanos y cubanos es mucho más profunda que las diferencias ideológicas entre sus gobiernos.

Son pueblos unidos por la cultura, la historia, la música, la educación y vínculos familiares que ninguna disputa diplomática debería destruir.

También es cierto que Cuba no puede pretender que sus representantes diplomáticos estén por encima de las leyes dominicanas.

Si existieron actividades incompatibles con su condición diplomática, el Gobierno tiene la obligación de actuar.

Pero precisamente por eso debe existir transparencia.

La presión internacional forma parte de la política exterior de las grandes potencias.

Estados Unidos tiene intereses legítimos en el Caribe y República Dominicana mantiene una relación estratégica con Washington. Sin embargo, una alianza no debe convertirse en subordinación.

El país debe cooperar con Estados Unidos cuando esa cooperación beneficie a los dominicanos, pero también debe tener la firmeza para decir que no cuando una decisión contradiga sus propios intereses.

La soberanía no significa vivir aislados del mundo.

Significa tener la capacidad de tomar decisiones propias, explicar esas decisiones y asumir sus consecuencias.

Por eso, más que entrar en una guerra de acusaciones entre Washington y La Habana, el Gobierno dominicano debe hablarle con claridad al pueblo dominicano.

Si hubo razones de seguridad nacional, que se expliquen.

Si hubo actividades indebidas de funcionarios cubanos, que se presenten los argumentos correspondientes.

Y si realmente existió presión extranjera, también debemos preguntarnos hasta dónde estamos dispuestos a permitir que intereses externos determinen nuestra política exterior.

República Dominicana debe mantener buenas relaciones con Estados Unidos, pero también debe preservar sus relaciones con los demás países desde una posición de dignidad y respeto.

Porque la política exterior dominicana no puede ser una extensión de la política exterior de ninguna potencia.

El país necesita aliados, sí.

Necesita cooperación, también.

Pero, sobre todo, necesita algo que no puede negociar: su soberanía y un poquito de dignidad.